martes, 9 de julio de 2013

Nick Jonas y Tú - Cap. 12 "Problemas"

La persona que menos deseaba ver en ese momento, cruzó la puerta.
P: ¡¿En qué diablos estabas pensando?!
No sabía que responder, sólo lo miraba como un cachorro asustado.
P: ¿No sabes lo peligroso que es venir a un concierto sola? MIRA TU CABEZA, pudo haber sido peor, ¿no te das cuenta? Eres una inconsciente (nombre)
En ese momento, toda la gente que pasaba por ahí, se quedó frente a la puerta, observando cómo me regañaban. Kevin Sr., Denisse, mi mamá, Kevin y Joe ya estaban ahí, viendo como la cara de mi papá pasaba del color carne al rojo y, al parecer, del rojo al azul.
 P: ¿No se te ocurrió pedirme permiso?
 Tomé valor y le respondí.
-: Si te lo pedía no me dejarías venir, y para información tuya, no vine sola
P: Freddy no cuenta, ambos son menores de edad
-: Tú mejor que nadie sabes porque vine sin tu permiso
DEMONIOS, ahora pasaba del azul al verde. Realmente, creí que se convertiría en Hulk en cualquier momento.
Y de pronto, lo miró. Se fue acercando a él, con el propósito de “matarlo”.
-: EL NO TUVO NADA QUE VER- hablé un tanto más fuerte. Se dio cuenta que me molestaba su actitud.
Y debido al golpe, sentí como mi frente palpitaba, y como el piso se comenzaba a mover. Cuando creí que ahora sí me daría un gran golpe, un par de manos me tomaron. Cuando abrí los ojos y vi hacia el frente, observé las reacciones de todos: estaban muertos de nervios. Miré hacia arriba y “mi salvador” me había evitado otro golpe, pero recordé que mi papá estaba ahí, y juraría que hubiera preferido que me golpeara la cabeza a que él me “rescatara”.
Con cuidado, me ayudó a levantarme.
P: Nos vamos- giró para mirarme- ahora mismo.
Sólo asentí y agaché la cabeza.
Ni siquiera me dio tiempo de voltear a decirle “adiós”

Llegamos a casa. Mis sentimientos estaban algo revueltos, porque, por un lado, estaban tristes y, por el otro, tenían algo de derecho de sentirse enojados.
Abrí la puerta de golpe, dispuesta a correr a mi habitación, cerrar la puerta y ponerme a llorar como “magdalena”, pero un grito enojado me detuvo:
P: ¡¿A DÓNDE CREES QUE VAS?!
-: Demonios- musité
P: ¿Crees que el regaño se acabó?
-: Eso esperaba- dije, aún dándole la espalda
Me tomó del brazo y me giró hacia él.
P: ¿Estás consciente de lo que te pudo haber pasado?
Asentí.
P: Lo que tienes en la frente es poco a lo que te pasará si vuelves a hacer esto
Apreté la mandíbula. Sentía como la rabia recorría mis venas. Mi cuerpo se empezó a calentar y a calentar y exploté… DIABLOS
-: ¡¿Y POR QUÉ NO LO HACES DE UNA MALDITA VEZ?!
Y mi mejilla pasó del color carne al color rojo. Me ardía y me dolía. Pero nada me dolía más que el hombre que hasta ese momento amaba más, me hubiera levantado la mano. Me ardía y me dolía el corazón.
M: ¡Mariano!- gritaba mi mamá con desesperación
Las lágrimas comenzaron a salir y a los pocos segundos, mis mejillas estaban completamente húmedas.
Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, abrió los ojos como platos y se llevó la mano a la boca.
P: Hija yo…
-: Te odio… te odio, papá- y corrí escaleras arriba, hacia mi habitación.
Ya no le di tiempo de decir nada más.




























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