viernes, 21 de septiembre de 2012

Nick Jonas y Tú - Cap. 8 "¿Siempre Tendré Mala Suerte?"


AL OTRO DÍA…
No quería salir de mi cama. Estaba demasiado deprimida como para ir a la escuela, pero mi mamá casi me arrastró para salir de la casa.
Quería hacer algo que me despejara la mente, entrar a una clase extra… Así que lo primero que hice fue ir al salón de música para inscribirme al coro de la escuela… tenía ganas de ir a danza, pero no sería una alumna muy buena, ya que tenía dos pies izquierdos.
Luego de las primeras clases, él maestro me dijo que fuera a la hora del descanso, para ver como ensayaban. Realmente, mi suerte era muy mala… ya sabía porque Nick nunca me acompañaba en el descanso… ¡ÉL ESTABA AHÍ!, y no sólo, si no, también, con sus hermanos… Esa sí que fue suerte, ya que estaban concentrados haciendo un “solo” y no se percataron de mi presencia.
Pregunté al maestro, para saber si podía cambiarme a otra clase, pero no podía hacer nada, sólo esperar hasta el próximo año…

EN LA TARDE…
Se acercaba un concierto, así que ahora iban a haber ensayos en las tardes, y el maestro quería que yo me quedara para escuchar y aprenderme más rápido la letra y el ritmo.
Entré al salón. Parecía que no había maestro ahí: mucho, mucho ruido…mejor para mí, claro, ya que cuando entré, casi nadie me puso atención.
Cuando por fin el maestro entró al salón, me llamó:
Mo.: Quiero escuchar tu voz, para saber en qué lugar te acomodaré…
-: ¿Y qué es lo que tengo que hacer?
Mo.: Cantar… sólo canta una canción que te guste, y yo tomaré mis decisiones…

++ Platicaba con uno de los chicos del lugar, cuando una voz me sacó de mi mundo… Era una voz… no sé como la podría describir: grave, pero dulce; fuerte, pero se disfrutaba escucharla… no sé, era la voz… ¿perfecta?...
Entonces, volteé… Era ella, la persona más importante de mi vida, cantando para que la escucharan.
No tuve palabras, sólo me quedé con la boca abierta, mientras mis hermanos comentaban a mis espaldas. Si no fuera porque no podía, me acercaría de nuevo a ella, para escucharla más de cerca, y poder oír de nuevo esa melodiosa y hermosa voz... pero por desgracia, su papá era un muy gran impedimento.

AL OTRO DÍA…
Estábamos en el salón de clase, cuando una chica nueva entró con la maestra:
Ma.: Chicos, ella es Melanie, es su nueva compañera… espero que la integren y la traten bien…
La maestra puso a Melanie a lado mío. Sentía su mirada penetrante en mi cara, y para confirmarlo, giré un poco la cabeza, y, sí, ella me miraba, y para ser honestos, no era nada discreta.

++ La chica nueva no dejaba de ver a Nick, y, realmente, me daban muchos celos.
Para todos los del salón, tenía una clasificación; a ella la clasificaba como fresa: tonta (la mayoría de las veces), se viste “bien”, se cree la todo poderosa, y, usualmente, es de las más populares de la escuela (N: ¡ESTAS CELOSA, ESTAS CELOSA!... -: ¡Cállate, Nick!).
S: ¿Ya la viste?- me susurró
-: Sí, ¿y?
S: No sé… me llama la atención…
-: Que mal por ti…
Hasta poco antes del receso, la maestra terminó la clase, para “descansar un poco”, así que la mayoría de mis compañeros, incluyendo a Sara, se encimaron a Melanie para “conocerla”…

En el descanso, fui al ensayo. Pasaron algunos minutos y Melanie entró al salón.
Era muy obvio: ella quería entrar, y para mi mala suerte, el maestro la aceptó…
Mo.: Tendrán tres días para escribir una canción- se dirigió a todos- no importa si es mala, buena, para llorar, excelente… lo que quiero es que la hagan para que sepan que no es tan fácil como creen… las 5 mejores se irán a concursar… así que pongan el cerebro a trabajar, chicos…

EN MI CASA…
Mi cerebro estaba realmente seco… Ahora reconocía el trabajo de los escritores…
Quería saber que era lo que los Jonas ó Nick estaban escribiendo
-: Nick, Nick, Nick... ¡BINGO!...-
De pronto pensé: “¿Por qué no hacer una canción que describa mi vida… desde que llegué aquí, hasta lo que vivo ahora?”…
Entonces, con un suspiro y una pequeña sonrisa, me puse a escribir mi canción…

TRES DÍAS DESPUÉS…
Los días se me pasaron muy rápidos… apenas tuve tiempo para terminar la canción.
Tenía miedo de asistir hoy a la escuela, no quería pasar en frente de todos mis compañeros para cantar algo, que, ni siquiera sabía si les gustaría…
Mo.: ¡¿Quién quiere pasar primero?!
Todos y cada unos de mis compañeros levantaban su mano para pasar, o gritaban el clásico “¡yo, yo!...
Estaba sentada en una esquina, en dónde casi nadie volteaba a ver, a excepción de cierta personita…
Los primeros en pasar fueron los chicos, cantando dos canciones: (-: A veces me caes tan, pero tan mal… N: ¿Es mi culpa de haber nacido con el don de escribir canciones?... -: Ya cállate… N: Pero si tú… -: ¡SHHH...!) “Underdog” y “You just don´t know it”…
Pusieron a todos de pie, gritando sus nombres y aplaudiendo hasta que las manos les quedaran rojas… Fue turno de otro chico… el estuvo muy bien, pero no recibió el mismo halago del público…
Mo.: ¿Y ahora, quién?
Los dedos hacia el techo no se hicieron esperar, pero lo que yo no esperaba era que el maestro se diera cuenta de mi presencia, y que me señalara con el dedo:
-: ¿Yo?- dije con la voz temblorosa
Me.: Si quieres, yo paso por ti
Mo.: No, tú pasarás...- dijo dirigiéndose a mí
Caminé tímidamente entre la gente que había delante de mí. Sentía las miradas penetrantes en mi espalada: era algo muy incómodo…
Me puse enfrente, mirando a todos los que estaban a mí alrededor
Mo.: Hazlo fuerte, queremos escucharte…
Tenía ganas de matar al maestro.
Di la última mirada a todo el grupo de alumnos del salón que había, y me topé con la mirada de Nick. Él sólo asintió, y me dedicó una pequeña, pero hermosa, sonrisa…
Suspiré muy, pero muy hondo, y comencé…

Estando en el último coro, estuve a punto de salir corriendo del salón, pero una vocecita en mi cabeza me decía que me tenía que quedar en aquel lugar…
Tuve miedo en terminar la canción, pero la última parte la había cantado, y sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas, pero no estaba dispuesta a derramar una más enfrente de él, así que respiré hondo y limpié las que empezaban a derramarse por mi cara.
De pronto, comencé a escuchar aplausos y gritos en todo el lugar, mientras algunos se ponían de pie, causándome un gran alivio, y lo que provocó que de mi cara se produjera una gran sonrisa.
Miré a todos lados, tratando de ver su expresión; aplaudía, esa era señal de que le había gustado, pero por otro lado, su sonrisa no era la que yo esperaba, ya que en su cara había algo que no cuadraba… tenía una expresión triste, o algo así… luego vi a Melanie yendo con él, lo que no me causó mucha gracia, e hizo que me sintiera celosa, y con ganas de querer golpearla…

EN MI CASA…
Llegué a mi casa y no había nadie. Seguramente, habían ido a comprar la despensa, ya que estaba totalmente vacía.
Di un paso hacia adelante y se escuchó algo crujir: era un sobre… para mí. Lo llevé a mi habitación, y allí lo abrí…

(nombre):
No me puedo acercar a ti, y esta es la única forma en la que puedo comunicarme contigo. Te doy las gracias por la canción. Lo que decía tenía mucho sentido y decía toda la verdad sobre nosotros.
No podré estar ah lado tuyo, y te pido perdón por eso; fue mi culpa, ya que fue mi idea no decirles nada de lo nuestro, y eso ocasionó todos nuestros problemas.
Prometo que si algún día tuviera la oportunidad de ser algo en la vida, nunca habrá otra persona igual a ti… Jamás tendré la oportunidad de conocer a alguien como tú, y fue un privilegio haberte conocido, que fueras mi amiga y algo más…
Siempre te querré, nunca lo olvides…
Espero volver a verte algún día de mi vida, y que no tarde mucho.
No hagas locuras, por favor, y si las haces, hazlas pensando en mí.
Cuídate. TE AMO…

NICK”

Me solté a llorar como nunca. Sentí que lo que nos hacían era la cosa más injusta de este planeta.
Tuve la sensación de que se despedía, y ésta se hizo más fuerte cuando escuché el motor de un camión fuera de la casa: Una Mudanza…
Salí disparada hacia la calle, pero cuando llegué ya era demasiado tarde… todos se habían ido…
Entré corriendo a la casa, para llamarle al celular y me empecé a impacientar cuando no contestó…

++ Íbamos sentados en la camioneta. Tenía la cabeza recargada en el vidrio de la ventana, mientras con el pie hacía el ritmo de la canción que escuchaba con los audífonos. Mi teléfono empezó a sonar. Lo saqué de mi bolsa trasera del pantalón, y la que llamaba era ella…
De.: No le contestes… deja que sufra como tú lo haces
N: Pero yo…
De.: Pero nada… no quiero que vuelvas a hablar con ella nunca
N: Esta bien…
Y sin más que hacer, apagué mi teléfono, sin contestarle a la persona que más quería...

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