Tenía
5 años, y supe que mis padres habían decidido que nos cambiaríamos de
casa. Estaba feliz, pero por otra parte, triste, ya que no volvería a ver a mis
amigos y a todas las personas a las cuales yo quería.
Lo
único que pude hacer fue despedirme y decirles que los quería.
Estando
en camino, les pregunté:
-: ¿Y, en dónde será nuestra casa nueva?-
M: En Nueva Jersey, hija-
-: ¿Y, por qué tan lejos?-
P: Po que ahí me ofrecieron un mejor empleo-
Entonces
pensé: ¿qué pasará?, ¿qué tal si no encuentro amigos?, ¿me tratarán bien?...
DOS HORAS DESPÚES…
Llegamos
a la nueva casa. Era grande, y muy bonita: el piso era de madera, la sala
estaba a la izquierda y se necesitaba bajar dos escalones para entrar en ella;
la cocina estaba a la derecha, y había una gran puerta blanca, con un cristal
en forma de círculo para poder ver, el cuál en ese entonces, yo no lo
alcanzaba. Al fondo había un medio baño,
no muy grande, pero creo que servía de algo. Y en frente de la puerta de
entrada, había una escalera, que llevaba hacia dos baños completos y las tres
habitaciones: la mía, la de mis papás, y una más para invitados; la última no
sería muy usada.
Afuera,
estaba el enorme y hermoso vecindario en el que ahora viviría. Si llegaba a
tener amigos, ese sería el lugar correcto para jugar.
Comenzamos
a desempacar y a llevar todo al lugar a donde pertenecía.
De
pronto algo nos interrumpió: El timbre…
Mi
mamá corrió a la puerta y le abrió a una señora, que llevaba con ella a tres
niños:
¿?:
Buenas tardes- dijo la señora
M:
Buenas tardes.¿?: Me di cuenta que ustedes se acaban de mudar al vecindario.
M: Si, acabamos de llegar.
¿?: Pues mucho gusto- le extiende la mano a mi mamá- Mi nombre es Denisse Jonas
M: Mucho gusto, mi nombre es Patricia.
De.: Ellos son mis hijos: Kevin, Joe y Nick- dijo mientras señalaba a cada uno mientras decía su nombre.
M: Hija, ¿puedes venir?
Creo que se dio cuenta de que estaba escuchando la conversación detrás de la puerta.
Me acerqué tímidamente hacia la puerta, y los ojos de aquella mujer se abrieron. Eran gigantes.
De.:
¡PERO QUE NIÑA TAN LINDA!
Solo
me quedé mirándola, y mi mamá, al ver que no respondía, me dio una palmadita en
la espalda.
M:
¿Cómo se dice?- dirigiéndose a mi
-:
Gracias.M: Se llama (nombre)
De.: Ellos son mis hijos, pero creo que ya no te los debo presentar- me dijo con el tono de la frase “eres un chismosa”. Sólo le sonreí.
M: ¿Por qué no se van a jugar?
De.: Es una buena idea chicos, así le enseñan el lugar a (nombre), y se va familiarizando.
M: Con mucho cuidado
De.: Kevin, eres el responsable.
K: ¿Otra vez yo?- dijo, tratando de hacer un berrinche
De.: Si, otra vez tú. Eres el más grande, y se supone, el más responsable.- dijo, alzando un poco más la voz
K: está bien, mamá… Vamos chicos.
Nos íbamos alejando, y escuchaba a mi mamá gritar cosas como: “¡Con cuidado cariño, no te alejes mucho”, ó “Si te pasa algo, no dudes en avisarme”.
La
verdad, aunque era muy pequeña, mi mamá me avergonzaba mucho.
Mientras
los chicos jugaban futbol americano contra otros niños, Nick y yo, siendo los más chicos, nos pusimos a hacer hoyos en la
tierra, para que los del otro equipo se cayeran con más facilidad.
Para
tener 5 años, los dos nos dábamos cuenta de que lo que estaban haciendo era trampa, pero no teníamos nada que hacer,
así que nos pusimos a conspirar contra los otros.
Terminando
el partido, regresamos a casa.
De.:
Entonces, los veré más tarde, a ti, a Mariano y a (nombre)
M:
¿Estás segura?, ¿No es molestia?De.: Pero claro que no, tú y tú familia son más que bienvenidos.
M: Esta bien, entonces…
Mientras ellas se ponían de acuerdo, miraba a todo mi alrededor, hasta que me topé con los ojos de Nick, clavados en mí.
M: De acuerdo, nos veremos en un rato.
Agitando
la mano, nos metimos a la casa.
M:
El vecinito no te quitaba la mirada.
-:
¿Mander?M: Qué tal vez, tú le gustas.
-: ¿Y eso es bueno?
M: Eso parece.
-: Que bueno, el me cae muy bien.
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